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September 18 ¡ MUJER !Apareció en mi vida como una flor en medio de un campo de trigales, su mirada el color del mar Egeo, un océano de ternura que ahoga mis ojos de dulzura, de un sin fin de sensaciones que llegan a mi interior susurrando un ¡Te Amo! ¡Como no recordarlo! Fue en el Aventura Mall de Miami. Salía del local de Armani e inmediatamente me llamó la atención su personalidad, que casi opacaba su exótica y extraña belleza, no lo sé, quizás fue esa comunicación femenina que en muy contadas ocasiones es posible establecer con una mujer desconocida, pero una extraña sensación me hizo dar vuelta la cabeza para seguir mirándola, la piel bronceada resaltaba aun mas una leve sonrisa que mostraban unos sensuales labios, y unos negros cabellos largos que parecían flotar sobre el elegante cuello Se alejaba dejando a su paso las miradas de hombres y mujeres sorprendidos. De repente giro la cabeza, me miro por unos segundos y la salude con una inclinación de cabeza. No se porque lo hice. Fue un impulso que correspondió con una sonrisa. Esa misma noche regrese a Los Ángeles y en el silencio del avión pensando en ella me quede dormido. Una mañana yendo a desayunar como de costumbre al mismo café que solía concurrir, distraídamente eche una mirada por el salón Cuando me quede inmóvil por el asombro; sentada en una mesa contra el ventanal estaba leyendo un libro con un cigarrillo en la mano. Sin reparar en nada ni en nadie me dirigí directamente hacia ella. Levanto la vista y al contemplarme no pareció sorprenderse, era como si me esperara; por el contrario sus ojos brillaban de una manera juguetona. ¡Hola! Dije. ¡Hola! -Déjame decirte que eres turbadora mente muy bella. Me llamo Marcos y quiero por favor tengas la gentileza de darme una tarjeta con tu numero de teléfono. No se porque o como, pero siempre estas presente en mi, ¡Jamás me imagine encontrarte! ¡No sigas Marcos! Eres insólito, insolente e incluso soberbio ¡Pues bien! Yo también lo soy. Por favor toma asiento. Hay veces cuando estamos desorientados y faltos de fe, algún acontecimiento inesperado surge en nuestras vidas para dar respuesta a nuestras dudas. Te recuerdo desde Miami, tampoco te he olvidado, me trasmites seguridad y rectitud. Una mujer así, alegre viva, apasionada. Su manera extrovertida, su deslumbrante personalidad, su elegante vestir y su esbelto cuerpo, llamaban la atención de lo que estaban alrededor a nosotros. Mientras seguía avanzando la conversación, se quito el saco de seda beige y bajo su casi transparente camisa blanca pude ver sus senos. -Dios mío, ¡veía sus pezones! No tenía puesto nada. Mirándola a los ojos directamente le pregunto. -Bajo esa camisa y la pollera no tienes puesto nada- ¿verdad? ¡Así es! No me gusta usar nada que me aprisione. ¿Te avergüenzas? – ¡Para nada, me encanta! Y además que todos te miren, es como si fueras mi amante y solo yo podría gozar de tus caricias. ¡Nunca te he visto sin pensar que debería orar por ti! -Es muy bello lo que dices. ¡Eres extraño Marcos! -Y tú muy hermosa. El blanco mate de su rostro resplandecía en sus cejas, sus ojos, sus labios, en la forma indiana de ellos, casi salvajes como su pelo negro que revoloteaban esquivos. Sus largas manos jugaban a las escondidas con mis ojos, porque tapaban muy brevemente sus pechos o quizás tratando de moldear con el barro original su cuerpo esperando el soplo Divino de Dios. Dejo sus ojos inmóviles -por un instante- sobre los míos, luego los bajo y exclamo: ¡Quiero salir de aquí! Quiero caminar, es un día muy hermoso. Pagué la cuenta y mientras salía del local las miradas de todos se dirigían hacia ella, que con la cabeza inclinada y los anteojos oscuras la hacían mas seductora. Dejamos el automóvil a la entrada del canal principal de Venice. Una bandada de aves de blancas alas sobrevolaba el lago de entrada. ¡Es hermoso este lugar! ¡Mira que bonito esta el cielo y como brilla el sol! ¡Yo creo que te envidia! le dije. Al entrar a la reserva se sorprendió porque se encontró con lo más parecido a una isla. Cubierta de plantas, flores, pájaros de todos los colores y animales típicos de esos lugares. Se acerco al borde del camino y contemplando el espectáculo que se ofrecía a sus ojos, -exclamo- ¡Es un regalo de Dios este lugar! -Y en el centro de la ciudad- Caminamos lentamente recorriendo la enorme extensión de la reserva; en un momento se detuvo pidiéndome: Vayamos a la sombra de aquel árbol porque estoy sofocada por el calor. A la sombra de un viejo ombú y con el único sonido del canto de los pájaros y el susurrar del viento entre los árboles con un suave temblor que me deformaba la voz producto de mi excitación –exclame- ¡He aquí el paraíso! Y esta es tu casa, Eva- Tomándola de la mano y con la otra en su cintura, la atraje hacia mí. Acercándola hasta sentir su respiración en mi rostro. Apoye mi miembro totalmente duro sobre su ingle presionándolo, entonces acerco aún más su rostro hacia el mío tocando mis labios con los suyos, dándome dulcemente varios besos hasta unirse. Abrí su boca levemente y nuestras lenguas se juntaron, y el beso se hizo más intenso. Finalmente ocurrió. Tome entre mis brazos su cuerpo dócil y anhelante, mientras intentaba vanamente ocultar su deseo. La bese con la pasión oculta de muchos años y recibía una mujer entregada, en cuerpo y alma. Fue uno de los momentos más sublimes e inolvidables. Jamás una mujer se había entregado en esa forma y con tanto amor. Cada movimiento de aquella bendita lengua dentro de mi boca me generaba inéditos pulsos de placer. Nuestras lenguas parecían danzar y los labios se abrazaban como una despedida. Sus senos comenzaron a ser acariciados deliciosamente por mi pecho y su entrepierna sintió la presencia de mi pene desesperado. Miraba con ternura y reverencia ese acto de amor que aprendí y memoricé para siempre la forma de tocarlos. Como adivinando mis deseos se separo y acariciando mi rostro me hablo ¡Por favor! no ensuciemos algo tan hermoso que comienza. La tarde se escondía cuando llegamos a casa, al bajar del automóvil se quedo mirando largo rato la edificación que se levantaba a escasos metros de la orilla del Océano Pacifico. Me encantan las flores y la vegetación que rodea tu casa, ¡debes ser muy feliz! ¡Te esperaba a ti! A veces tengo miedo que suceda –comentaste -Entremos a la casa; la noche también descansa aquí La música suavemente inundaba el ambiente mientras el resplandor de las velas ensayaba figuras sobre las paredes cubiertas de autorretratos, rostros, imágenes y paisajes de vivos colores. El olor del incienso cautivaba aun más mis sentidos. Las pinturas ahora causaban una profunda impresión en mi interior, es que en ellas palpitaba mi propio espíritu y no podía comprender como alguien poseyera mi visión. ¡Son hermosas- dijo contemplándolas, en simultaneo con mis pensamientos. Sentada frente a mi y tan cerca, me parecía algo cohibida al descubrir que mi mirada recorría todo su cuerpo deleitándome en su blusa de seda beige que dejaban ver las delicadas siluetas de sus senos así como la dureza de sus pezones apenas disimulados por su transparencia. Se fijaba que también se dirigían hacia sus piernas que había cruzado momentos antes, descubriendo la redondez y suavidad de los muslos enmarcados entre en la falda que se había corrido. Recuerdo que hablamos mucho, me contaba sus recuerdos más bellos y sonreía seductoramente cuando contaba algún inocente desliz. Yo escuchaba en silencio sin interrumpir su relato deleitándome con el sonido de su voz y el movimiento de sus manos que como palomas parecían flotar en el espacio. -De pronto supe que tenía frente a mí a la Mujer con mayúsculas. La atraje hacia mí comenzando a besarla, acariciando sus piernas, deslizando mis dedos sobre le blusa rozando sus pezones. Mis labios húmedos presionaban sobre los suyos, mi lengua buscaba por toda su boca, entrelazándose con la tuya, mis manos seguían acariciando el contorno de sus senos recreándome con su dureza y su arrogancia. Después comenzaron a recorrer desde la punta de los pies, suave y lentamente por sus muslos, disfrutando las piernas y sumergiéndose en la calidez y suavidad de la entrepierna para encontrar con la punta de los dedos humedecida su vagina que acariciaron por un instante. Su respiración se volvía cada vez mas acelerada y pequeños gemidos escapaban de su boca que al quitarle uno a uno los botones de la blusa se hicieron más fuertes. En la penumbra alcanzaba a ver la redondez de sus pezones totalmente erguidos y anhelantes y con delicados besos dejaba mi aliento en cada uno de ellos disfrutando al máximo el placer de sentir y que también ella registrara como se humedecían totalmente la totalidad de nuestro sexo como gritando el deseo de sentirnos uno dentro del otro. Mis labios fueron dejando los senos, bajando lentamente hasta sus muslos y alcanzar la calidez de su entrepierna impregnando de ese aroma especial mi boca. Mi lengua jugueteaba por los labios mayores hasta llegar al botón deseado. Hasta el más rico botín que se puede desear deteniéndose sobre el. Por un instante sentí que su cuerpo se paralizaba en todo su esplendor con todos sus deseos y su ansiedad. Contemple su rostro crispado como si tuvieras nublado el cerebro, pues apretaba con mucha fuerza mi rostro entre sus ardientes muslos y sus uñas se hundían en mi espalda, acrecentando su ansiedad de ser totalmente penetrada, de sentir invadidas sus entrañas. Yo también la deseaba con toda el alma, pero prefería disfrutarla, sentir el roce con sus labios y apretarla contra su clítoris prolongando su agonía y llevándome a niveles tantricos, logrando elevar mi goce como siempre lo he soñado y tantos humanos buscan. Ella imploraba, rogaba que la metiera de una vez, pedía cabalgar sobre mí con el amor como estandarte, quería saciar el hambre de sublime, quería morir al fin en el intento. Estaba consiguiendo ponerme en un estado previo al éxtasis, cuando se contraen los músculos y parece que la cadera se levanta al encuentro de esa boca que está sorbiéndola y sientes que de un momento a otro vas a vaciarte en su interior sabiendo que puedes retrasarlo y evitarlo, con un maldito deseo de hacerlo. Sintiendo el goce profundo y la explosión interior que baja hasta tu glande y evita eyacular para alcanzar el éxtasis. De pronto aferro mi cara con sus manos y sello mis labios con un beso: siempre mirándome fijamente y con una fuerza y furia jamás pensada lo tomo con una mano y lo dirigió con firmeza a su ansiada y hambrienta gruta. Cerré los ojos, la tome de los cabellos y echándole la cabeza hacia atrás mordí su cuello dejando resbalar mi lengua como una serpentina en sus oídos musitando ¡Te amo...no podría explicarlo, sencillamente Te amo. Y apreté los dientes sintiendo y llenando de gozo todo mi ser, mientras escuchaba sus débiles gemidos seguramente al sentir como entraba y salía ocupando con lascivia su húmeda morada. Era el canto de la hembra sobre el macho; el orden sobre la improvisación... El canto de nuestros ancestros, de nuestros orígenes. Sus ojos brillaban con la intensidad de las estrellas, a veces mordiéndose los labios, otras apretando mis espaldas desnudas y llevando furiosamente un ritmo infernal de sus caderas como queriendo sentir mi órgano para siempre. Sentía las oleadas continuas de su flujo caliente saliendo a borbotones de su sexo, bañando todo el sofá haciéndome sentir su deseo de regalarme aquellos sus mejores orgasmos. Y entonces supe porque el amor duele cuando llega la ausencia. Porque en esos instantes de profunda entrega y goce espiritual y físico entregamos parte de nuestros corazones y dejamos recuerdos imborrables en el alma. Introducía su lengua haciéndome sentir sus labios y mordisqueando a placer mis oídos al tiempo que seguía el fantástico embate, mientras mis manos se aferraban a sus senos como queriéndolos devorar con golosa ansiedad. No me importaba el dolor de sus uñas desgarrando mis carnes porque entendía que era suyo, que le pertenecía y trataba de darme hasta su vida para marcar la mía y asegurarse que nunca jamás pudiera recibir tanto placer, porque al fin había comprendido que nuestro encuentro sería inolvidable, que siempre recordaría a la que por una noche fue su mujer, su amante, quien se entregó de la manera mas completa y absoluta. . Y mientras se apagaban lentamente sus gemidos y el olor a sexo cubría nuestros cuerpos, la tomé por las nalgas la atraje suavemente hacia mí tratando de no romper el hechizo de ese fantástico momento de aquella noche azulada por los rayos de la luna. El embeleso en el que estuve sumergido fue tal, que la intuición no cabía. Mi pasión desbordada gobernaba mis acciones por mucho mas que una cesión de sexo. Nos abrazamos fuertemente y nos quedamos en silencio escuchando nuestros corazones, y apoyando su cabeza en mi pecho aferrada a mis brazos se quedo dormida. El olor a café me despertó y la vi a mi lado, dos tasas humeantes en la mano. Dulce despertar, tierna mirada, actitud sensual, tanto bienestar trataba de encajar en mi mente. Lo que si encajaba perfectamente era el deseo ininterrumpido, esta erección orgullosa, esta gana de repetir el encuentro carnal. ¡Espérame me dijo! y se fue desnuda hacia el cuarto de baño, dejándome fantasear con esas nalgas tan apetecibles Sugestiva, afable, educada, elegante, que mas podría describir de esta realidad que me supera. Que mas de esta Mujer que viene a irrumpir en mi volcánica vida. He gozado su voz, sus charlas, sus ideas, sus manos, sus caricias, sus cabellos, su cuerpo. Al regresar sus ojos expresaban mucha ternura y cariño, me beso y se subió encima de mí dejándome prever un día aun bien largo. He besado su tibio cuello dejando un húmedo beso en su blanca piel. Trémulos mis labios se volcaron en su boca penetrándola con la lengua que encontró su igual, rozándola primero y juntándose después. Sus ojos cerrados me transmitieron su alegría en aquel beso que no es el mismo que tantas veces vi. Sus labios nerviosos se frotaron con los míos mezclando las salivas en una entrega total. Es solo mía en ese instante, solamente mía y yo de ella. El olor perfumado de su cuerpo nos envuelve y abrazan mi rostro. Cierro los ojos y encomiendo mis miedos a mi suerte. El tacto de sus manos sobre mi cuello, hace que dé varios espasmos, ¡no de sorpresa, sino de placer! Percibo sus manos moviéndolas entre mis cabellos en sentido giratorio deslizándolas, haciendo que sea mi piel la que se deslice provocando un placer que hacia muchos años no había experimentado. Sus labios húmedos caminan como un caracol dejando su baba sobre mis oídos mientras murmura con voz muy lejana y embriagadora: Disfruta y grita, no dejes de gritar, eso hará que te sientas como si fueras un hombre nuevo, libre de tu pasado ¡arroja todo tu agobio fuera!
Oye un momento: sal de tu letargo, Recrea las pasiones ya vividas. Tu tiempo sigue estando, ¿no lo sientes? No era otro, tan solo vas cambiando. La historia es esta misma que perdura, No intentes disfrazarla de cordura; Eres un hombre más que va buscando Su forma entre las formas. Es casi natural, es parte del camino Que en parte has recorrido. Los días se transforman Más siguen siendo tuyos. ¿No sientes un murmullo Que te llama como ayer te llamo? La lucha sigue, la guerra no termina. El hombre porque es hombre se lastima, Y llora porque es llanto su destino. Y vive porque es vida su camino, Y busca porque es búsqueda su cima. No atines a juzgar lo que te digo. No todo da lo mismo. Convéncete, guerrero, la historia continua. El fuego que te impulsa te sitúa Junto al que fuiste ayer. Eres el hombre que será y has sido. Levántate, guerrero, que nadie te ha vencido, Que en cada palpitar has renacido, Que todo, siempre todo, Es un volver. Toca, palpa, siente lo que me hace sentir y deja su aroma femenino en mi rostro frente a mi boca dejando su aliento entrar a mis pulmones. Aprecio su cuerpo sintiendo su calor corporal y ese beso lento que me contagia la humedad de su lengua. Se que se emociona porque instintivamente pone sus pechos en mi cuerpo mientras nuestras bocas permanecen conectadas y nuestras narices se tocan de ambos lados, estorbando, respirando y sintiendo. Quiero abrir mis ojos y mirarla, enmudecida y entregada, rompiendo las reglas obligatorias de no pensar en nada ni en nadie, solo dejarme llevar por la pasiones, que nuestras emociones suban y asciendan a mas no poder. Es en ese instante que la imaginación no tiene un orden lógico, que las escenas se alternan cambiando de tiempo y de lugar. Solo me viene a la cabeza la imagen de su sexo de vellos claros y escasos, depilados, más hermosos de lo que le dio la naturaleza. No esta cohibida, pero tampoco habla, solo me toca, me acaricia suavemente por todo mi cuerpo desnudo, concentrada en cada caricia en cada beso que deja en mi piel ardiente. Tampoco hablo y me dejo a sus besos, ocasiones y movimientos. Sus besos se oyen y mis respuestas gritan pidiendo que no se detenga ni que nadie perturbe sus intenciones. Pongo mis manos en sus pechos acariciándolos, mientras su boca anda nuevamente entre mi cuello y el oído, me retiene haciéndome sentir esas ganas de penetrarla y sentir el calor de su tesoro. Es ese exquisito momento de nerviosismo, donde toda la fuerza y el amor contenido que esa Mujer despertó en mi, esta a punto de estallar. Respiro profundamente, sabiendo lo que viene a continuación al acomodarse mejor sobre mí, separando más las piernas con las suyas, mientras su mano se desliza por mi vientre rozando las cercanías de mi sexo expuesto, se detiene … quizás gozando mi ansiedad, mi anhelo o nerviosa porque entrara en mi alma sexual. ¡OH Dios! Sus dedos como enredaderas se deslizan por mis vellos y se cierran sobre el tallo endurecido acariciándolo, jugando con los flujos que se escapan de su rojo capullo. Sus cabellos lo acarician cuando baja la cabeza lentamente y de su boca escapan vapores calientes anunciando claramente que será devorado. Cierro los ojos con más fuerza, simultáneamente con un espasmo que me recorre el cuerpo entero al sentir las paredes de su boca y la aspereza de su lengua que recorre mi tronco completamente en llamas. Puedo sentir como su mano la dirige en la boca, entrando y saliendo, moviéndola en círculos, chupándola con fuerza o bebiéndose los flujos que me roba. Sangre de mi sangre, hijos, seres que se pierden en esa locura de deseos y pasión. Me hace gemir, quejar, me siento hechizado y moribundo, en el cielo y en el infierno y solo quiero más y más. Contengo el aire un momento para que no estorbe mi concentración. Esta su cabeza entre mis piernas y mis dedos tiran de sus cabellos hacia el centro del placer caliente y húmedo y su peso no pesa, sino que espera sentir mi estallido para gozar mi convulsión por segundos y hacérmelo notar esquivándolo furtivamente. Mi respiración y mis gemidos se hallan agitados al máximo indicándole que falta poco, casi nada para el fin y concentrada en que todo esta bien, gozando y esperando seguía cuidando mis deseos con sus caricias. Mi sexo desprendía su olor inconfundible, su deseo era verdaderamente sexual, obsesivo, teniendo preso mi sexo en su boca sentía que iba a explotar en cualquier momento. De pronto levanto su rostro mirándome fijamente, por un instante vi correr por sus mejillas unas lagrimas que se escapaban de ellos…luego un largo gemido lastimero y un grito que retumbo por toda la casa. Había sucumbido a una catarata de orgasmos que se sucedían uno tras otro, mientras su cuerpo desnudo se debatía en convulsiones. Como un ángel, parecía perfecta, una niña pequeña, irreal, había abierto los ojos y me miraba, no, me traspasaba con la mirada, una sonrisa de niña en la boca. No me atrevía a decir nada aunque me moría de ganas de preguntar. Me ofreció su boca y este nuevo contacto produjo el efecto de una bomba nuclear en un espacio reducido. Sabía que sentía las vibraciones que sacudían mi cuerpo al mismo tiempo que me daba pequeños besos. Entonces tomo mi rostro con sus dos manos y dulcemente me dijo: ¡Jamás me paso algo semejante! Y porque se mucho de ti no me siento humillada –aunque debo confesarte que fue único, incontrolable- Aprendí que te amo. Me confundió su respuesta, y supongo que era justificada porque no recuerdo algo igual, parecía que estábamos los dos solos en un mundo imaginario. Ya se había levantado, sus piernas parecían una obra de arte, flotaban en el aire. Dio una vuelta mirándome fijamente acercándose hasta casi tocarme, cerró sus ojos brevemente, entreabrió sus labios y una voz en mi interior me dijo, bésala y deja de pensar en esas cosas. Sin saber lo que me pasaba deje mis labios rozar los suyos, momento en el que su lengua salio en busca de la mía. Ese beso eterno para mi duro unos segundos. La vi alejarse totalmente desconcertado, demasiado perdido para pensar en como se había percatado de mis pensamientos. Solo eran escasas 48 horas de conocidos y me habían pasado más cosas que en toda una vida.
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Cita http://mateocolonprimero.wordpress.com/ October 04 SALOME -
Tú no sabes mi querido, que jamás escribo una carta, ni mando telegramas ni postales. Tampoco mail, (como tu) solamente escribo para mí aquellos sentimientos que necesito desprenderme y algunos cuentos no tan bien como los tuyos. Sé que te gusta verte sorprendido por eso te escribo esta carta. Para contarte que sentía, como pase las horas antes de nuestra primera cita para almorzar en Giacomo; Aquel pequeño restaurante de la Brikell aquí en Miami. Era un sábado, un día que quizás nunca olvidare. ”Acabo de levantarme, miro la hora son las 10 de la mañana. Tengo tiempo, la cita es a la 1pm. Me pregunto ¿no me dejará esperando? ¿Por qué estoy tan nerviosa?" "O quizás solo para ti es una cita más." Mi corazón necesita una respuesta, estoy muy nerviosa. Es la primera vez que me pasa, como si presintiera que mi espera había terminado. Mi ropa esta preparada. Una pequeña tanga azul, con un sostén minúsculo lo suficiente para tapar mis pezones dejando los pechos contorneados permitiendo un suave movimiento. Los zapatos con puntera y talón, con un tacón de aguja finito. La pollera de color crema larga hasta los tobillos con un tajo a los costados que mostraban mis muslos al caminar. Una blusa blanca de seda con botones que dejaba desprendidos hasta el comienzo de los pechos para dejar paso a la imaginación" e incitando al roce, a la caricia… Un baño me tranquilizara y mientras tanto me voy preparando me digo. Sé que mi vecino me estará espiando y seguramente se volverá a pajear pensando en mí y en meterme a su cama. Conozco y detesto ese tipo de hombres, me parecen cobardes, babosos como dicen las argentinas. ¡Dios, que lento pasa el tiempo! Y encima no me ha servido de nada mi pequeño entremés en la bañera. Otra vez estoy caliente. Ojalá no tuviéramos que ir al restaurante. Ojalá pudiéramos simplemente comernos vivos en lugar de almorzar. Mi ex marido decía que soy muy buena comiendo… Los dos estábamos pensando -¿como me gustaria ir a cogerla ahora? en vez de almorzar… Domingo, 01 de febrero de 1998 mateocolon April 16 A PUNTO DE PERDER MIS SENTIDOS...La ciudad de Valparaíso se encuentra a 118 Km. al noroeste de Santiago de Chile. Se accede por vía terrestre y en automóvil se puede hacer en menos de una hora. Hacia mucho tiempo que no me reencontraba con esta encantadora ciudad, llena de recuerdos y de una historia dolorosa. Solía alojarme en el hotel Brighton al mas puro estilo victoriano y el mas antiguo. A muy pocas cuadras el restaurante Turri me había atrapado con su ambiente confortable, calido y su no menos famosa cocina mas una vista espectacular de la bahía. Recorrer la avenida Errazuriz hasta el Púb La Cueva del Chivato formaba parte de mis diarios recorridos. Hoy me encuentro nuevamente en la ciudad pero esta vez para encontrarme contigo, mi adorable y lejana amada que durante tanto tiempo nos comunicamos vía el correo electrónico. No podía evitar el nerviosismo ni me excitación. Sé como eres porque he visto tu foto, y de repente te veo. Tú aún no me has visto, y te contemplo por un instante. He estado esperando este momento por mucho tiempo, y por fin ha llegado. Te tengo dentro de mi vista, y eres real. Entonces tus ojos se fijan en mí, y siento que salta mi corazón en mi pecho. Empiezas a acercarte y me envuelves en un abrazo muy fuerte y cálido. "No puedo creer que realmente estas aquí. Es como un sueño," me dices al oído. Entonces me alejo de ti un poco para que puedas mirarme. Me miras profundamente a los ojos y sonríes. En ese momento siento el deseo que tengo por ti y te vuelvo abrazar. Siento tu cuerpo duro junto al mío, y mi sexo se empieza a endurecer. Me doy cuenta de que el aeropuerto no es el lugar correcto para seguir contigo así, y empezamos a caminar hacia el automóvil hablando de mi viaje, de lo alegre que estamos por estar juntos por fin, de todo y de nada. Tienes mi mano entre la tuya, y no puedo dejar de mirarte. ¡Eres real, siento tanto cariño por ti! El automóvil se deslizaba suavemente por la carretera y no podíamos dejar de mirarnos, lentamente estacionaste en la banquina y nos empezamos a besar, suavemente al principio, y luego con más y más fervor y pasión. Sintiendo tu lengua recorrer mis labios y entrar en mi boca. Chupo tu labio inferior y te escucho gemir muy bajo. Estamos abrazados y los deseos están aumentando. Fijamente y en silencio mi mano se deslizó debajo de tu falda. Sin palabras, simplemente mirándote, te rozaba delicadamente la matriz sólo protegida por una pequeña bikini de seda. Tus manos acariciaron mi cabeza y murmuraste: ¡Te deseo! Oírte y sentir tu sexo entre mis dedos basto para que buscara un motel para tenerte entera para mi. A pocos kilómetros y a la vera de la carretera un Hotel nos invitaba con sus florecientes luces de colores a estacionar en el. Nos registramos y rápidamente entramos a nuestra habitación devorándonos a besos. Sentía tu lengua explorando en mi boca, tu aliento de hembra excitada susurrar a mi oído ¡hazme tuya! Dime que me quieres, cogeme sin compasión, quiero sentirte dentro de mí, revolcarme en tu semen y chuparte la noche entera ese pene que estoy acariciando y moja mi mano con sus flujos calientes. Cuanta pasión sentía al devolverte los besos, al mordisquearte, al prenderme a tus pechos con delirante deseo. Comenzaste a desnudarme y en ese momento comprendí que en cada prenda que soltabas, caía una barrera que atravesaría más allá de esos momentos de lujuria. Tú eras mi amante y yo tuyo, tú eras mía igual que yo. ¡Adoro tu pene! susurraste a mis oídos, mientras con mis labios chupaba tus pechos como un bebe con hambre que busca a su madre... La punta de mi lengua golpeaba tus erectos pezones que combinaban con tus enloquecedores gemidos, como si con cada chupada estuviera comiendo esos senos. Perdido en tus brazos y atento a tus besos, tus caricias y a tus jadeos, imaginando que tu boca era tu vagina quise chuparla ahí mismo. No hubo recodo que no explorara; comencé a excitar tu clítoris con mi lengua humedecida previamente por los fluidos que desbordaban de tu concha. Con dos dedos separaba los labios para que mi lengua tuviera un acceso más fácil a ese punto tan especial, con la otra mano acariciaba la puerta de entrada a su interior, muy suavemente, sin prisas; me lo tomaba con la calma precisa para hacer de ese momento largo y duradero. Lamía tus labios mayores suavemente o tragaba los flujos que se escurrían por tus piernas abiertas mojando las sabanas. Con tus manos acariciabas mi pecho bajando lentamente hacia la ingle, con una caricia atrevida y retadora. ¿Cómo olvidar tus dedos buscando mi sexo con gemidos de placer? Allí estremeciéndome, sintiendo deslizarse tu mano sin obstáculos lentamente hasta que tu palma rodeo por completo atrapando mi sexo que como lágrimas, mis flujos derramaban con deseos desatados. Grite de placer, no resistía el tacto de tu mano apretándola y a la vez mordiendo mis tetas de hombre, mientras que tus dedos se desplazaban a lo largo del tronco como si fueran de seda. Ella respondía a tus caricias poniéndose cada vez más dura y erecta. Tus labios habían llegado al fin del camino que deseabas, tu lengua se acercó mas y en la punta recogió las primeras gotas de semen que asomaban y querían desatarse con furia en una contenida descarga que me era dolorosa, cubriste con un manto de saliva mi glande y comenzaste a lamerlo por completo. Tus labios oprimieron la base mientras la lengua lo recorría milímetro a milímetro. Lentamente, muy suavemente comenzaste a mamarla. Al principio solo tragabas la mitad y posteriormente desapareció cuan grande era en esa boca que maravillosa apretaba los labios a veces a un ritmo lento y otras rápido, alternando para impedir que me acostumbrara a él. Con tus manos acariciabas mis testículos, empapados éstos con la saliva que caía por las comisuras de tus labios y por la que escapaban también mis fluidos que aprovechabas para meterme y sacarme el dedo índice en mi recto aumentando mi gozo. Tus labios seguían aprisionando mi pene, tu boca se la tragaba con deleite y tu lengua y paladar me transportaban a exquisitos placeres que jamás ninguna mujer nunca antes había conseguido. La habías tragado tan profundamente que notaba el calor y la humedad de tu lengua juguetona y tus labios deliciosos. La mamada que me estabas dando era increíble, me absorbía, hacía que gimiera y que disfrutara de tu entrega. Presentiste la inminencia de la descarga y retiraste tu boca de mi sexo, pero continuando masturbándome con tus manos, hasta que salió una tremenda eyaculación que fue a derramarse contra tu cara, pechos y vientre. Repartiste el semen por todo tu cuerpo para luego llevarte las manos a la boca limpiándolas cuidadosamente. Te volcaste sobre mí besándome muy dulcemente y así recostada, abiertas las piernas de par en par, admire tu cuerpo con calida pasión. Tus senos redondos y hermosos, tus caderas bien contorneadas, tu sexo apenas sombreado por un vello suave empapado aun por el deseo y tus piernas, poderosas y tersas descansaban al compás de unos movimientos de tus pies, cual si estuvieran escuchando una canción mientras con tu voz ronca y ahogada de éxtasis, me pedías como una suplica ¡Hazme tuya! ¡Te necesito dentro de mí! ¡Te mire! Una enorme ternura lleno mi corazón y bese tus ojos, tus labios, la punta de la nariz y contemple tu rostro anhelante sumido de amor. Deteniéndome en las pupilas ambas humedecidas de amor, baje mi mano y tomando mi falo lo deposite suavemente sobre tu vagina para jugar con tu clítoris. Mi mano la dirigía recorriendo los labios interiores golpeando el botón amado embriagado ya por el olor a sexo que desprendían nuestros genitales haciéndote temblar de excitación. Te miro profundamente a los ojos y te digo “Te amo”… me miras y comienzas a moverte con tus piernas alrededor de mi cuerpo atrapado; muy lentamente la fui metiendo, haciendo una pausa para gozar el placer de estar en tu cuerpo. Mi pene abre tus labios, roza el clítoris y apretando mis músculos sobre ti te penetro bruscamente logrando arrancarte un grito de placer, mientras tu cuerpo temblaba y jadeaba mordiendo mis labios, respirando hondo y gimiendo mucho. Te mueves mas rápidamente pidiéndome que empujara con fuerza para que se introdujera totalmente, masturbándote acariciando tus labios y apretando mi glande que entraba y salía. ¡Más, empuja más! Repetías… ¡así, así, cogeme, cogeme…!adoro como me coges. ¡No doy más! ¡Estoy por acabar! Acaba conmigo... No aguantaba mas había llegado al éxtasis, un calor subía por mis muslos recorriendo todo el cuerpo haciendo que mis sentidos se anularan del tremendo placer que estremecía mi cuerpo. Tú seguías gritando cada vez mas fuerte pidiéndome que acabara. Y acabe a punto de perder mis sentidos. Solo recuerdo como puteabas y maldecías, como me clavabas las uñas en la espalda y el grito final que retumbo como un trueno mientras tu cuerpo vibraba entre convulsiones de placer…después el silencio. MATEO COLON
AMAR AMANDOLa música suavemente inundaba el ambiente mientras el resplandor de las velas ensayaba figuras sobre las paredes cubiertas de autorretratos, rostros, imágenes y paisajes de vivos colores. El olor del incienso cautivaba aun más mis sentidos. Tus pinturas causaban una profunda impresión en mi interior y no precisamente mala, es que en ellas palpitaba mi propio espíritu y no podía comprender como alguien poseyera mi visión. De pronto rompió mi hechizo el abrirse la puerta del cuarto de baño y apareciste cubierta en una enorme toalla blanca, que dejaste caer regalándome la sorpresa de los pechos más hermosos que hubiera podido ver. Los pezones –no muy grandes- lucían brillantes por la humectación de la crema. Su brillo a la luz del centelleo de las velas me daban la impresión de que en cada pecho se ocultaba una estrella recién nacida que guardabas para mi en este día ofreciendo su calor a quien seria tu dueño. La curva de tu cuerpo lucia perfecta y el abdomen carecía de la grasa adicional que generalmente tenemos los mortales. Tu ombligo –lo he dicho tantas veces- era Mercurio en su esplendor. La pelvis naturalmente, fragante y hermosa. Pero el blanco mate de tu rostro, resplandecía en tus cejas, tus ojos, tus labios, en la forma indiana de ellos, casi salvajes como tu pelo negro que revoloteaban esquivos. Tus largas manos jugaban a las escondidas con mis ojos, porque tapaban muy brevemente tus pechos o quizás tratando de moldear con el barro original tu cuerpo esperando el soplo Divino de Dios. Miraba con ternura y reverencia ese acto de amor que aprendí y memoricé para siempre la forma de tocarlos. La música, el incienso, las velas, sus figuras y tu bajando lentamente la mano rumbo a la vagina que empezaste acariciar con suavidad, me embriagaron de amor y de tanta ternura que las lagrimas resbalaron sobre mi rostro como solo conoce aquel que ama. Mis manos ocuparon el lugar de las tuyas que comenzaron a jugar con mis cabellos, mientras sentía imperceptiblemente como disfrutabas con la caricia lenta, sutil, casi parsimoniosa y exquisita que te acercaba al éxtasis. Mis dedos giraban uniforme y delicadamente, mientras tu sexo húmedo se iba hinchando y su olor se expandía por todo tu cuerpo. Metí un dedo con suavidad, y lo deslicé en la ardiente boca que parecía querer engullirlo, luego dos más, dándole forma de un cono que metía cada vez a un ritmo más fuerte. Tus gemidos apagaban la música, tu cuerpo se sacudía vehemente, temblando y suspirando desde el fondo del alma. Tan bella, tan hechiceramente tierna y dulce, tan llena y digna del amor, presencie conmovido el ultimo aliento de tu orgasmo. Mateo Colon viernes, 13 de febrero de 2004
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SUEÑO DE AMOR"Aun hoy; cuando pasaron los años recuerdo aquellas mujeres extraordinarias que irrumpieron en mi vida, que me forjaron, me despojaron de celos, de envidias, de maldad. Aquellas que con paciencia y amor me hicieron comprender la igualdad entre el hombre y la mujer. Aquellas que marcaron a fuego la felicidad, el dolor, la sensibilidad, la soledad, la muerte del amor de tanto usarlo. Para todas ellas y para millones de mujeres quiero contarles una historia. Una historia simplemente de AMOR".
Una noche estaba sentado en la terraza del penthouse en la marina de Aventura en Miami, mirando las luces de los barcos que pasaban a corta distancia y la entrada y salida de costosos automóviles del enorme Condominio que cruzando ese brazo del mar se levantaba frente al mio. Todo estaba en calma y en silencio, una brisa suave movía como acariciando las flores de los canteros. La luna parecía estar casi al alcance de la mano y su luz iluminaba todo. Tenía los audífonos puestos escuchando las canciones de Rocío Jurado. Sin embargo no estaba bien, me encontraba decaído, escuchando con tristeza la música y las letras de las canciones que parecían haber sido escritos para mí, que me traían tantos y dolorosos recuerdos. A la vez estaba extrañamente inquieto. Los temas fueron pasando hasta que en un momento las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas hasta convertirse en un prolongado llanto. Y así, de pronto una poderosa fuerza se instalo en mi corazón, en un fenómeno inexplicable que me llevo en el tiempo frente la computadora, mirando profundamente la pantalla tratando de entender los misterios que contiene. Todo es silencio. Acaso solo roto por el leve sonido de los ventiladores de la PC. Con una expresión de tranquilidad, de saber que estoy buscando mis dedos comienzan a moverse sobre el teclado. Primero entrando a un buscador y luego a una pagina que había hecho años atrás y que nunca fue borrada. ¿Cómo recordaba el alias y el pasword? Automáticamente entre al Correo donde una luz colorada titilaba señalando un mensaje. Lo abro y leo: “Acabo de leer el hermoso poema que me has enviado y realmente quiero agradecerte por hacer que a través de ti pueda exteriorizar de mejor Manera lo que siento. A pesar de que no me conoces ni yo a ti, creo que con tus experiencias conoces a la mujer en su forma pura, natural, lo que hace que muchas Como yo consideren lo mismo de tu lectura. Me encantaría encontrarme contigo, tus palabras son Cautivantes y se han convertido en una especie de afición. Mañana voy a estar en Ocean Drive en el Café Milano a las 20 horas exactamente en la mesa 9. Espero verte. Besos” AQUELLA NOCHE...
Y al despuntar el día, En medio de una dicha casi amarga Por el poco tiempo transcurrido Y el paso veloz de aquellas horas.
Fui tuya anoche, me dijiste Más allá del silencio y la penumbra Me sentí como nunca, y tome tu aliento Lejos de viejos temores infundados.
Me empape con tu cuerpo Y estuve sola anoche, Y en medio del tumulto Me atraparon tus caricias.
Y me envolvió tu aroma... Y fui tan libre, libre Como aquella paloma Que en el campo anida.
Y te entregue mi vida, Y me quede desnuda Y te conté mis dudas, Mis miedos, mi osadía.
Si, fui yo misma anoche Sin sombras, ni palabras Pequeña y entregada Buscando tu morada.
Y cobijaste mi angustia Y fui yo misma anoche, Tan mustia y aterida Como el invierno frío.
Y me dormí en tus brazos Soñando con juegos infantiles Sin olvidar que tú me distes Una noche de amor en libertad. 07-03-98
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, me quede absorto sintiendo una angustia que hacia mucho tiempo no sentía. Viejos fantasmas olvidados volvieron a mi mente, misterios de otros tiempos que siempre me acecharon. Situaciones extrañas, únicas, anuncios prematuros de hechos que están por suceder. ¿Cómo pude recordar aquella pagina olvidada de la Web? Si hacia escasas horas que había llegado del Brasil, y estaba ansioso por caminar las playas de Miami, tomar un café en Coral Gable, pasear por Coconout grove, ver a mis amigos. Habían pasado justamente cuatro años desde aquella invitación que nunca había leído. Cada palabra que dice se empieza a dibujar en mi mente buscando una explicación. ¡Cómo llega esa poesía a sus manos si la escribí en el 99! Las horas pasan y mi inquietud aumenta, no puedo borrar aquellas palabras, y me afano inútilmente por recordar las fechas. El aire de la noche llena mis pulmones y la fragancia de las flores la terraza. Un aletear de alas me vuelven a la realidad y veo posarse sobre la baranda a una gaviota blanca que se queda mirándome fijamente. Una atracción que nunca podré explicar y un deseo que se abre paso en mi mente con fuerza, me impulsan a cerrar la casa. Bajar ansioso a planta baja buscando mi coche y salir rumbo a Miami South. Llego al café y Alejandro el dueño se acerca y me dice ¡Marcos tienes la mesa 9 reservada! Le pregunto ¿No puede ser porque acabo de llegar del Brasil? Me mira, se encoge de hombros y se retira hasta el fondo del café mientras se da vuelta cada tanto para mirarme. Me siento en la mesa sin dejar de saludar a los incontables amigos. De pronto una mujer se para delante y me extiende la mano diciéndome ¡Hola Marcos! ¿Cómo estas? Te espere mucho tiempo porque quería conocerte. Se sentó con una seguridad y un aplomo que denunciaba su carácter y una tremenda personalidad. No salía de mi asombro, no alcanzaba articular palabra alguna. Solo el contemplarla dañaba mis ojos su hermosura, su cuerpo apenas oculto tras un traje de seda gris perla, dejaban ver sus formas esculturales. Pero sus ojos me atraían por la intensidad de su mirada y sus labios perfectos se movían al compás de cada palabra como la danza de las olas en el mar. No escuchaba nada, absorto seguía los movimientos de sus manos que como por arte de magia desaparecían en el aire, para volver aparecer frente a mis ojos como si quisieran acariciar mi rostro. ¡Ella quería escucharme, conocerme! Así me vi. envuelto en el relato de mi vida que jamás había contado. Desfilaron mis luchas por la libertad, por los humildes, por los pobres más pobres. Por mis sueños de igualdad de credos, de razas y religión. Preguntándole o preguntándome ¿Por qué aun estoy vivo y mis compañeros muertos? Ella tomo mis manos con las suyas y mirándome fijamente dijo: ¡Marcos! La sencillez de tu carisma, la humanidad que guardas y el dolor de los necesitados hicieron de ti un hombre al cual mujeres extraordinarias te dejaron sus experiencias para que sepas como es el amor, lo que significa en la vida de las personas, en la caridad y el perdón y en respetar nuestros sueños, que son los sueños de todas las mujeres de este mundo. Todo en ella emanaba una aureola de enorme bondad, confiada de sí misma y una enorme autoridad. Yo estaba perplejo, sin pronunciar palabra alguna. Soltó mis manos, se levanto, me dijo su nombre ¡Salome! Y se fue... Pasó el tiempo y no podía borrar de mi mente los recuerdos de aquella noche. Noches enteras me quedaba en la terraza esperando ver a la gaviota o tratando de recordar su rostro que parecía esfumarse de tanto en tanto. Me acostumbre a vivir en soledad. Deje que ella entrara a mi vida y se instalara en mi corazón para calmar al menos los recuerdos de aquella mujer que había perturbado mi alma para siempre. Salía muy poco de casa, pero a veces solía ir a comer al restaurante Carpaccio en Bal Harbour. Una noche me senté como de costumbre mirando a la avenida Collins, contemplando las enormes palmeras que dejaban caer sus ramas como racimos y las blancas flores al pie de cada una de ellas que eran regadas por el agua que se deslizaba desde una fuente iluminada a giorno, una música romántica se dejaba oír pese al sonido del trafico de la avenida. ¡Hola Marcos! Me sobresalte ¡Hola! Alcance a balbucear. No se como, pero ella me había encontrado, estaba frente a mí que desconcertado no alcanzaba a explicarme como me hallo después de tantos meses y como sabia que estaría en ese restaurante. Una mirada de tranquilidad se hallaba en sus ojos pero con cierta picardía. Una tranquilidad que rayaba en la arrogancia. Se notaba segura de sí misma, invulnerable. Nos miramos por más de 5 minutos sin pronunciar palabra alguna. No era una mirada de desafío ni mucho menos de pasión, era una mirada entre dos personas que al parecer tenían años conociéndose y se reencontraban nuevamente. De pronto, dijo ¿cómo estas? -aun sorprendido le digo - bien ¿y vos?- Me respondió; tomando esta linda oportunidad para conocerte, para conocer mas de ti.... ¿Sabes? Me resulta muy difícil encontrarme contigo, requiere un gran esfuerzo, pero ya paso. Y con un chasquido de los dedos llamo al mozo que presuroso llego para atenderla... ¡Traiga una botella de agua mineral sin gas para el señor y para mi una copa de vino Borgoña al natural! Al retirarse el mozo me dice, lo aclaro así porque los americanos le echan hielo al vino. ¿Cómo sabia lo que acostumbro a tomar?... Sonreí y nos pusimos a conversar sobre lugares y tierras lejanas que ambos conocíamos. El mozo le sirvió el vaso de vino y a mí el agua en un vaso cargado de hielo. Su boca se deslizaba sobre el borde de la copa sensualmente mientras me miraba fijamente. Su mirada con un leve destello en los ojos seguía escrutando mi rostro, como queriendo entrar en mis entrañas mientras conversaba. Sus labios jugaban a veces en su boca detrás de una sonrisa y otras de una inmensa ternura que me llenaba el alma Conversábamos sobre mi vida pero no sobre la suya. Sabía que una mujer cuando no habla de su vida es porque esta tratando de encontrar la manera de saber en quien confiar, es muy reservada. Las horas fueron pasando veloces sin darnos cuenta mientras nuestras miradas se confundían en sus destellos, con ese brillo de la paz y la armonía por estar juntos. Hablamos hasta el cansancio de mí, de política, de metafísica, de la vida después de la vida. Combinando nuestros puntos en común de aquellos que nos separaba y de los que nos unía. De cómo había sido hasta ese día mi vida. Fue una noche inolvidable, de un encuentro de dos seres que se complementaban, sabiendo que todo lo que hablaba era captado por ella. Ella sin más, me toma de la barbilla, subió mi rostro al nivel del suyo y dijo - Corazón ¡No bajes la mirada! Así no puedo ver tus ojos que me enloquecen y sonriéndome con la seguridad que siempre notaba en ella comento - ¡Sabes, siempre te he amado! No me preguntes nada ni te preocupes, todo esta bien Entonces tome su rostro entre mis manos y lentamente bese esos labios y mi lengua busco la suya. Su boca se abrió mágicamente y el destello de sus dientes brilló entre la penumbra, bese sus ojos, su frente sus orejas sus mejillas y baje hasta su cuello. Sentí su aroma, el perfume de mujer, de Reina y de Diosa. Su perfume me embriagaba, sentía sus labios sobre los míos. Su ternura era inmensa. Nuestros labios se acariciaban. Jamás había besado así y nunca sentí tantas ansias y tanto amor mirándome. La abracé, sin necesidad de ser un abrazo erótico, sensual o carnal. Para eso habría tiempo, solo esta primera oportunidad tenia la necesidad imperiosa de sentir su aroma, su piel y su calor. Nos abrazamos, nos dejamos sentir, pose mi mano sobre su muslo derecho. Era la forma de decirle que era suyo, era la forma de indicarle que era feliz. Al sentir el contacto de mi mano se estremeció, volvió a mirarme profundamente a los ojos y me dijo: ¡Perdóname! Pero no puede ser... se levanto y se fue. Pasaron más de 2 meses sin verla, me estaba muriendo, estaba desesperado. Una noche sonó el teléfono muy tarde. Era ella que me invitaba la noche siguiente a cenar en el hotel Intercontinental en el centro de la ciudad y a orillas del mar. ¡Cómo palpitaba mi corazón! Me imaginaba tantas cosas y a la vez tenia tanto miedo. ¿Por qué esa llamada sin ninguna explicación? ¿Qué misterio había en su vida? Al llegar a lo más alto del puente donde se divisa el perfil de la ciudad y se ve el hotel iluminado con las banderas de todos los países sacudidas por el viento, una repentina paz se apodero de mí. Una sensación de confianza en Dios, Él era el dueño de mi destino y este estaba en sus manos. Al caminar hacia ella contemplaba aquel rostro que estaba grabado en mi alma, nuestras miradas se encontraron y naturalmente como si nos hubiéramos visto horas antes murmure ¡Hola! No contesto, solo me miraba, cenamos casi sin hablarnos, solo mirándonos, yo pensaba bien cada palabra antes de decirla por temor a incomodarla. Ella seguía mirándome fijamente hasta que sus labios se abrieron para decir ¿Marcos, mi vida? Me has hecho mucha falta, todo este tiempo lo pase pensando en ti. No te olvido ni un instante, pero estoy muy confundida y no quiero herir a nadie... Sus palabras trasuntaban una enorme tristeza que unido al brillo de sus ojos dejaban caer las perlas que brotaban de ellos. ¡No puedo verte más! Estas causando un daño profundo en mí. No supe controlarme y te alojaste para siempre en mi vida. Discúlpame pero no puedo contarte más. Tomo mi rostro nuevamente entre sus manos y dijo. ¡Te amo! No puedes saber como te amo, pero si puedes entender esto. ¡Soy tuya para siempre, pero no hoy, ni mañana! ¡Vamos! Sonríe que quiero llevarme esa sonrisa que me cautivo y no digas nada. No puedo escucharte, me estoy haciendo mucho daño. Mis ojos no alcanzaban a verla en su totalidad porque las lágrimas se me escapaban furtivamente. Solo sentí un suave beso sobre mis mejillas y el calor de sus manos dejándome una caricia. La vi. marcharse sin volverse, la vi hermosa como en todos los sueños de los que aman. vi. sus cabellos al viento y como se volvían las flores a su paso saludándola, las palmeras se inclinaban y la luna por un instante dejo caer un rayo de su luz para alumbrarle el camino del adiós. Estaba aturdido, confundido pero no dolorido. Algo en mi interior me decía ¡espera, espera! El mozo me trae la cuenta, una copa de champagne invitación de la casa y observando mi llanto dice ¿Perdón señor? Su mujer es como un sueño de hermosa y se nota claramente que esta perdidamente enamorada de Vd. ¡Es muy afortunado! Subí a mi coche pensando en las palabras del mozo como deseando que fueran verdad. Pero estaba destrozado, mi corazón parecía que iba a dejar de palpitar en cualquier instante, las lágrimas corrían por mi rostro sin contención y unos leves gemidos escapaban de mi boca. Quería gritar, gritar con toda el alma ¡NOOOOOO! ¡NOOOOO! ¡Mi Dios porque, porque! Al pasar el puente y bajando hacia el boulevard me detuve frente a la Iglesia de San Patricio, que estaba abierta. Todo era quietud y silencio, las velas ardían sobre el altar iluminando las estatuas que formaban mil figuras. En el centro esta Jesús crucificado. Me arrodille y recé, hable con Él y poco a poco un sopor me fue invadiendo. No sé cuanto tiempo transcurrió, las 11 campanadas de la iglesia anunciando la hora me hicieron reaccionar. El deseo de estar en casa me llevo rápidamente hasta el auto. Esos pocos kilómetros despejaron mi mente, estaba en paz. Al llegar, luego de estacionar camine hasta el ascensor y al bajar frente al penthouse y levantar la vista... allí estaba sentada en el umbral de la puerta con sus piernas cruzadas, que al verme rápidamente se levanto para arrojarse en mis brazos y decirme ¡No puedo mas! ¡Soy tuya, tuya para siempre desde hoy! La bese y con el pie cerré la puerta de calle. No podía dejar de mirarla. No hacían falta las palabras, nuestras miradas lo decían todo mientras el equipo de música se había encendido automáticamente, y mi canción preferida “Quiero morir junto a ti” de Nana Mouskouri comenzó a sonar. Ella escucha el sonido y tomándome de la mano lentamente me llevo frente al equipo escuchando la canción. La tome de la cintura por detrás y le dije ¡Si, es cierto quiero morir junto a ti! Acaricie su cuello con mis labios mientras mis manos acariciaban sus pechos. Ella se volvió para con pequeños besos humedecer mi boca. Mordí sus labios tiernamente y bese posteriormente sus orejas y su cuello. No habría los ojos, solo se limitaba a sentir como mi boca la recorría. Mis dedos acostumbrados y prácticos le quitaron el vestido para poco a poco desnudarla completamente. Su rosada lengua humedecía sus labios y su respiración se había entrecortado, leves gemidos salían de su boca cuando mis manos se cerraron sobre sus pechos. Sus pezones estaban totalmente duros indicándome el deseo que la abrazaba. Su vientre blanco se podía notar con fantástica hermosura. Mi boca buscaba como un niño sus pechos y podía sentir la tibieza de su estomago, los movimientos palpitantes de su vientre y la sangre correr por sus venas. Con una mano acariciaba mi espalda y con la otra peinaba mis cabellos con furia al sentir mis labios en el vientre. Aun guardo en la memoria su espléndida figura, mientras mis labios viajaban hacia su vientre perfecto, con un ombligo soñado, una piel como una rosa blanca hasta llegar a su entrepierna y dejar mi aliento caliente en ella. La reacción de sus muslos fue erizarse, abriéndose totalmente cual flor prohibida brindándome sus húmedos labios y su clítoris. Con los cuales jugué por largo rato con mis dedos y mi lengua. Que hermosa es la vagina de la mujer que amas, que gozo es ver la satisfacción en su cara, la sonrisa picara y los gestos de su boca. Sus ojos se abrían y cerraban prisioneros de la pasión que la abrazaba mientras se acariciaba dulcemente su vagina. La abrazo por atrás y la empiezo a besar por la nuca, bajando lentamente por la espalda hasta llegar a sus nalgas, las muerdo, las beso, las acaricio. Ella solo me deja hacer. Me doy vuelta y frente a frente la beso, ignorando sus senos que tanto necesitaban mi boca, la beso de la cabeza a los pies, no deje un solo centímetro sin besarla, al quitarle los zapatos beso también la planta del pie y el talón. Sentía que desfallecía con cada caricia y que iba llegando esa sensación tan placentera que solo las mujeres pueden transmitir antes del orgasmo. Cuando llego lo recibí con mi boca en su entrepierna, gozando sus flujos que con inmenso amor me regalaba como una ofrenda a los dioses. Sigo otra vez mordiendo sus pechos desafiantes que se muestran tentadores a mi boca, sintiendo tiernamente como sus pezones respondían poniéndose aun más duros. Continuo bajando pero con pequeños mordiscos hasta el ombligo y volvía a subir a sus senos, no quería bajar aun sabiendo que esperaba totalmente excitada. Gemía de placer y mi pene estaba a punto de estallar, tampoco me importaba si mis vecinos escuchaban. Solo sentía como aferraba mi nuca y apretaba mi cara para que no sacara mi lengua de su vagina, sentía las convulsiones, sentía sus gemidos y frases entrecortadas ¡Me muero, me muero! Hazme nacer por favor. ¡Toma mi sangre, bebe de ella! ¡Y bebí otra vez! En aquel momento me hubiera bastado contemplarla durante toda una eternidad. La deseaba enormemente, pero la visión de su cuerpo desnudo no me provocaba el mismo sentimiento ni urgencia en satisfacer mi apetito, sino una ternura en la que el acto sexual solo era, debía ser, la culminación de la entrega del uno y del otro, y ella se ofrecía enteramente. Aparte mi boca y me levante, la coloque sobre su espalda y sin dejar de verla, la penetre con lentos movimientos de cintura. Sus piernas se abrieron como una flor y sus caderas rápidamente bajaron para acoplarse a mi abdomen y pegar mi cuerpo al de ella. Me arqueaba para besar sus pechos, con mi mano derecha tomaba su cabello y con pasión tiraba de él haciendo que su cuello se estiraba para poder besarla. Luego di vuelta su cuerpo y la coloque boca abajo. Bese su espalda, su cintura, con mis labios y con mi lengua. Con mi boca y mis dientes entre en sus glúteos enloquecido de todo lo que estaba haciendo y más aun cuando al levantar el rostro vi una sonrisa de satisfacción. La tome por la cintura, levante sus caderas para poder penetrarla mejor y comencé a subir y bajarla sintiendo como corrían por mis piernas sus flujos que a raudales se deslizaban sobre las sabanas. Los dos gemíamos de placer, mis ojos perdían de a ratos la visión sintiendo un estremecimiento que recorría por todo el cuerpo, erizando mis cabellos haciendo palpitar mi corazón en forma acelerada. Su mano derecha se posaba sobre mis glúteos para hacer mayor presión en la penetración. En algunos momentos se levantaba sobre sus brazos, para luego caer sobre la cama. La última vez se separó de mí y mirándome con pasión me hizo acostar sobre mi espalda, para luego colocar sus piernas a mis costados y lentamente comenzar a bajar mientras con su mano dirigía el pene hasta penetrarla. Deje que ella mi hiciera el amor, con sus movimientos, con su pasión, con su piel húmeda, con sus cabellos cayéndole sobre su cara, con sus labios siempre húmedos, con sus pezones rígidos, con su cintura loca... con su amor. Con mis manos solo atinaba acariciar sus pechos, apretarlos, tratando de morderlos. Con un grito y una pasión arrolladora arañando mis espaldas, arrancándome la piel, se estremeció y como el cauce del rió que busca la mar su orgasmo se desato incontenible. El cansancio cayó sobre mí. Realmente no sé si por cansancio o por intensidad, pero nuestras respiraciones estaban totalmente aceleradas, nuestros cuerpos no se movían. Tal fue la explosión que estábamos totalmente abatidos, sin tocarnos, sin movernos, sin reaccionar. La acosté de lado en la cama. El hilo de sudor en su espalda era mucho más intenso y se podía apreciar en sus nalgas y sus brazos. Yo estaba totalmente bañado, y gruesas gotas rodaban por mi espalda deslizándose hasta mis glúteos. En ese momento pude apreciar lo hermoso de su cuerpo. Y lo aprecie por la paz del amor..., bajo la tranquilidad del infinito, bajo la tranquilidad de mi propia serenidad. Apoye mi cabeza sobre mi brazo derecho para observar su bello rostro, su sonrisa placida, sus ojos adormitados mientras caía en un profundo sueño. Solo recuerdo que coloque mi mano sobre su hombro y bese sus cabellos. Ella no respondió pues del cansancio también se había dormido A levantarme, ella ya no estaba. Se había marchado No me despertó, ni se despidió, solo dejó un pañuelo de seda azul con la fragancia de su aroma y su perfume, eso fue todo lo que quedo de ella... y nada más. No la deje ir, solo se marcho. Pero me dejo lo mejor de ella, es decir todo, aunque no estuviera a mi lado... Solo se marcha sabiendo que había comprendido mi filosofía amarla mientras este a mi lado, solo amarla y apreciar toda su esencia para nunca olvidarla, aunque se marche de mi lado si ella lo desea. Me levanto y me encamino a la cocina buscando que comer, al levantar los ojos veo la hora en el reloj de pared 11.40 PM ¡No puede ser! ¡Algo anda mal! Salgo a la terraza y la luna brillaba en lo alto; perplejo, atontado, me quedo arrodillado sobre las baldosas musitando ¡No puede ser! ¡No puede ser!.. ¡Marcos, Marcos! La voz del vecino mientras tocaba el timbre de calle me sacaron como de un sueño. ¡Hola Carlos! ¿Qué deseas? -Nada, hace unos minutos te vi llegar cuando estacionaba mi auto y quiero avisarte que dejaste las luces encendidas. Mañana no lo podrías hacer arrancar. -¿No puedes haberme visto porque hace horas que estoy en casa? ¡Vamos Marcos! Serán más o menos 15 minutos, el tiempo que me llevo llegar al departamento, dejar mis cosas y avisarte... ¡De todas maneras gracias Carlos, sos muy amable! Adiós Camino lentamente contemplando las flores, respirando profundamente el aire con olor a mar, me acerco a la baranda y me apoyo en ella mirando en el horizonte las luces de los enormes trasatlánticos seguramente rumbo a las islas. No puedo comprender, es un sueño me repito una y mil veces. ¡Aun tengo su pañuelo sobre la cama! Entro deprisa al dormitorio y no hay nada más que las sabanas dobladas en perfecto orden, como si nadie hubiera dormido en ella. ¡¡No fue un sueño, no fue un sueño! Desde el otro cuarto el equipo se había puesto en marcha y hacia escuchar mi canción favorita “ No me importa morir junto a ti" Mateo colon jueves, 28 de agosto de 1999
April 05 carta de un jefe indio al rey España -Handout for Unit
Two, Lesson Plan 12: Extractos de la carta al rey Por Huanan Poma, 1613 “Yo, el autor de este trabajo, salí hacia el mundo entre otras gentes tan pobres como yo. Yo
quise compilar un récord para el beneficio de su majestad y también de los Indios. Deje mi casa en mi propia ciudad, yo he trabajado por treinta años en esta tarea. Mi primer paso fue vestirme en ropa de pobre para parecer en realidad un hombre pobre a medida de que vi el mundo para ver que me enseñaba….Por consecuencia fui testigo de las maneras en las cuales los indios fueron robados de su propia propiedad de sus esposa y de sus hijas… “Los españoles son maestros del robo y la seducción, pero ellos van mas allá y tratan hacer caballos o esclavos de nuestra gente. Cuando ellos hablan acerca de los indios que pagan impuestos en realidad ellos se refieren a los esclavos, y frente a la cara de tal actitud nuestra gente no puede prosperar. Los españoles están poniendo una sobrecarga sin que haya ya más, un Inca que los defienda. Y la única persona que puede tomar esta defensa es sus majestad. “De hecho es esa misma gente quien se les paga para que aprecien a los Indios (los sacerdotes) son los que se juntan para explotarlos y engañarlos.” “Finalmente decidí regresar a mi casa.. mi propia casa….después de 30 anos de mis viajes. Yo también encontré mi ciudad y provincia en ruinas y las casas de mi gente en manos extranjeras. Cuando regrese, Yo descubrí que mi propia clase en estado casi desnudo, actuando como sirvientes para indios comunes que pagan impuestos….. “Yo esperaba encontrar intacto las casas y jardines que me pertenecía. Yo había sido después de todo el jefe local…Mi propia casa y jardines…habían sido dados a Pedro Colla Quispe…Ellos habían formado un habito para arreglar con robos y mal tratos aquellos quienes estaban a su merced, y los sacerdotes especialmente estaban a la misericordia de ellos…. “Su majestad debería sentir pena ...porque ellos representan solamente tanto propiedad robada y riqueza. Yo he visto los tormentos de tales gentes y también he escuchado sermones dados por un Padre cura, en el cual decía que todos los indios tenían que morir, ya sea en las minas o en las manos de los españoles y también los sacerdotes. Esto indica que los españoles nos desprecian mal y quieren hacernos perecer…. “Yo escuche un sermón de amenaza de muerte dado en misa por un padre. El les decía a los feligreses que el los iba a matar a todos, a depilarlos y salar la carne como se hace con las llamas e hizo otras amenazas similares hasta que me encontré forzado a dejar la iglesia para evitar ser testigo de ver a los indios en tal estado de opresión y de terror………… “Conocí a tres mujeres indias mayores. El perseguidor era un sacerdote...El acuso estas mujeres de practicas de brujerías, adorar a ídolos y arrodillarse ante monumentos. Ellas no habían hecho ninguna de estas cosas, pero para obligarlas a hacerlas confesar Doctor Ávila, las corono, les amarro lazos en el cuello y puso candelas de ceras en sus manos para hacerlas confesar. De esta manera hechas fueron hechas caminar en procesión. Se les fue explicando a ellas, que si confesaban, el visitante estaría satisfecho y que se serian dejadas en paz. Pero las 3 mujeres, quienes eran buenas cristianas, protestaron que no tenían nada que ver con ídolos y solamente adoraban el dios verdadero. Seguidamente fueron amarradas a las espaldas de llamas y se les dio latigazos, para que su sangre se derramara en la lana de las llamas y cuando se secara la lana fuera roja. En ese instante, para evitar mas tormento las tres mujeres decidieron confesar de que adoraban ídolos....
QUIETUD, SILENCIO Y ...Puede ser que mirando atrás reconozca alguna de las mil caras o quizás pretendo no reconocerlas. ¡No lo se! Pero por algún motivo que ignoro no puedo olvidar que la memoria siempre me juega incontenibles recuerdos, algunos buenos y otros no. Lo que si se, que en esos momentos que parecieran de desolación aflora de mi interior una ternura que -creo- es percibida por la mujer. Y desde ahí renace lo que al final se vuelve a repetir. ¿Una cara más? P/d/ Trato de ver las cosas con los ojos de una mujer -hasta donde conozco- para poder escribir lo siguiente. ¿Quizás principio o final de una novela? MARCOS QUIETUD, SILENCIO ...
Termino de guardar y acomodar en sus respectivos lugares sus cosas –le molestaba dejar la habitación desordenada- y bajo al bar, pidió un vaso de vodka con zumo de naranja y salio del hotel, cruzo la calle y se sentó con los pies descalzos enterrados en la arena tibia a fumar un cigarrillo. El sol hacia poco se había asomado sobre el horizonte bermejo y sus rayos llenaban la playa de sombras en cada huella, igualándola a un paisaje lunar. Todo estaba en perfecto orden y limpio, la playa aguardaba a los miles de turistas que pronto comenzarían a llegar para quemarse durante horas bajo el sol implacable del verano. Había una serena y silenciosa dicha que colmaba su corazón -tantas veces herido- cuando las aguas del mar acariciaban sus pies jugando con ellos. A lo lejos un pescador solitario con su caña hundida en la arena miraba fijamente el mar. Y al otro extremo de la playa apenas se alcanzaba a divisar una pareja de enamorados que se revolcaban sobre la arena sobre la blanca arenilla. Disfrutaba del cigarrillo, deshecho y vuelto a liar, como de costumbre, con un poco de hierba que guardaba como un tesoro en el cofre de seguridad del hotel. Una gaviota bajo planeando hasta cerca de la orilla, vigilante, rozo el agua y se alejo mar adentro sin conseguir ninguna presa. Lastima, pensó mientras aspiraba el humo, viéndola irse. Hacia mucho tiempo le habían gustado las gaviotas, le parecían románticas, hasta que empezó a conocerlas cuando tumbada y descansando en aquella playa de Jamaica viéndolas revolotear muy de cerca un guardián playero le aconsejo que se cubriera la cara, porque eran capaces, dijo, de picotearla si se quedaba dormida. El recuerdo del agua quieta, las gaviotas flotando frente a ella y dando vueltas por arriba, le llegaron con imágenes bien precisas. Aspiro mas bocanadas de humo, dejando que la hierba diluyese indiferencia a lo largo de sus venas, rumbo al corazón y al cerebro. Fumaba no por el viejo placer, sino porque el humo en sus pulmones acentuaba aquel alejamiento que tampoco traía consuelo ni indiferencia, sino un suave estupor, pues no siempre estaba segura de ser ella misma la que se miraba, o se recordaba; como si fueran varias agazapadas en su memoria y ninguna tuviera relación directa con la actual. Así cavilaba de vez en cuando, hasta que caía en la cuenta que podía caer en la trampa. Entonces recurría a poner la mente en blanco par evitar caer en los recuerdos, mientras el humo recorría lentamente su sangre y el vodka la tranquilizaban con el regusto familiar y el sopor que terminaban acompañándola ante cada exceso. Aquellas mujeres que se le parecían, y la otra sin edad que la miraba a todas desde afuera, iban quedando atrás, flotando como hojas amarillas en otoño. Generalmente procuraba no pensar demasiado en nada ni en nadie, había pasado demasiadas incertidumbres y horrores que estaban al acecho en cada pensamiento que fuese más allá de lo inmediato. Pero a veces no lograba conciliar el sueño, recordaba sin poder evitarlo. Había descubierto que si no venia acompañado de reflexiones, esa mirada atrás ya no le causaba satisfacción ni dolor; solo una sensación de movimiento hacia ninguna parte, lenta como las gaviotas sobre el mar mientras dejaba atrás personas, objetos, momentos. A lo mejor ocurre –se decía desconcertada- que esto es la vida y que el paso de los años, y la vejez, cuando llega, no son sino mirar atrás y ver la mucha gente extraña que has sido y en la que no te reconoces. El pescador de la caña seguía en la orilla y el sol estaba cada vez mas alto en el cielo, calentando la arena. Acabo el porrito con la brasa quemándole las uñas, y liquido el resto de vodka y naranja de un ultimo trago. Los primeros bañistas empezaban a llegar con sus cremas bronceadoras, sus toallas y sus sombrillas multicolores.
Mateo Colon 09/19/1998
April 04 ¡¡ AMA DE CASA !!
Cita ¡¡ AMA DE CASA !! March 31 Entrevista con el conde Hans Christof von SponeckCrímenes de guerra: la implicación de la ONU Silvia Cattori Para el ex secretario general adjunto de la ONU, Hans Christof von Sponeck, en vez de velar por el respeto del derecho internacional y la consolidación de la paz, la ONU se ha convertido en instrumento de la injusticia. Tal es el caso de las sanciones contra el Irak de Sadam Husein, sanciones que provocaron un desastre humanitario. Hoy, por ejemplo, tratados internacionales como el de no proliferación nuclear sirven para garantizar la hegemonía de ciertos países y amenazar a otros. Es hora ya de cambiar radicalmente este sistema. EL conde Hans Christof von
Sponeck, nacido en Bremen en 1939, trabajó durante 32 años en el Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Nombrado en 1998 Coordinador
Humanitario de las Naciones Unidas en Irak con rango de secretario general
adjunto por Kofi Annan, el conde von Sponeck presentó su renuncia en marzo del
año 2000 como protesta por las sanciones que hundieron al pueblo iraquí en la
miseria y el hambre. Silvia Cattori lo entrevista para la Red Voltaire. Desde nuestro punto de vista,
desde mi punto de vista, se trataba de una persona correcta. No puedo emitir
juicios sobre lo que Tarek Aziz hizo en Irak fuera del sector del que yo era
responsable pero, todo lo que pido, es que una persona enferma, aunque sea sólo
por razones humanitarias, sea tratada dignamente; esa persona debería ser
autorizada a disponer de un seguimiento médico y a gozar de un juicio justo. Tarek
Aziz tenía derecho, y tiene derecho -como debería haberlo tenido además el
propio Sadam Husein- a ser tratado conforme a lo establecido en las
convenciones de La Haya y de Ginebra. Yo me pronuncio contra el hecho que, tres
años después de que él se entregara voluntariamente a las fuerzas de ocupación,
todavía no se hayan presentado cargos en su contra y [en contra de] que se le
siga manteniendo en prisión cuando se sabe que necesita urgentemente un
seguimiento médico. Es por eso que, como todo individuo normal de este mundo, no puedo aceptar los intentos -apoyados por la canciller Merkel durante la reciente cumbre de la OTAN- tendientes a atribuir a esa alianza militar una misión política. La OTAN es un instrumento de la guerra fría. Desde hace muchos años estaba en busca de una nueva misión, de un nuevo papel. Lo único que sabían los partidarios de la alianza es que la OTAN tenía una responsabilidad militar pero, con el fin de la guerra fría, ya no existía esa responsabilidad, ya no era necesaria. De ahí esa desesperada búsqueda de un nuevo papel. Personalmente, considero extremadamente peligroso que la OTAN se presente hoy como un instrumento democrático al servicio de las democracias occidentales, cuando en realidad se trata de un instrumento en manos de Estados Unidos para la puesta en práctica del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano . Se trata de la famosa proposición que hicieron los neoconservadores estadounidenses durante los años 90 -[proposición] que la administración Bush ha convertido en estrategia nacional de seguridad para el 2000 y los años posteriores-, a cuya aplicación debe contribuir la OTAN. Los responsables políticos que se reunieron recientemente en Munich deberían rechazar esa tesis [2]. Vladimir Putin, que al menos
esta vez no vaciló en hablar claro, declaró abiertamente lo que sentimos muchos
de nosotros. Claro está, sus palabras fueron rechazadas por aquellos que tienen
otra agenda. Pero las palabras de Putin reflejan una realidad. El mundo, fuera de Europa Central y Estados Unidos, ya no está dispuesto a aceptar una vía occidental que vaya en una sola dirección. El público no acepta ya las exigencias de las potencias políticas militares del pasado siglo. Aquella época quedó atrás y si no tenemos eso en cuenta las cosas no pueden más que empeorar. Para mí las palabras claves de este momento son "diálogo" y "diplomacia". Hay que dedicarse a ambos con una mentalidad claramente multilateral, no con la mentalidad de una superpotencia que en realidad ya no es tal, ni en plano económico, ni en el político, y mucho menos en el moral, por no mencionar el plano ético. Aunque Estados Unidos siga
conservando aún algo de superpotencia gracias a la fuerza militar, eso no
bastará para salvar la Pax Americana. La Pax Americana es algo que pertenece al
pasado y cuanto más rápidamente lo reconozcamos en Europa, más rápidamente nos
prepararemos para una cooperación multilateral -o sea, para algo diferente a
una cooperación bilateral o como la de la OTAN- y sería lo mejor. Estamos creando, estamos
modelando nuestro enemigo del mañana. Como muchas otras personas a través de
todo el mundo, yo no puedo aceptar esa evolución. Pero no nos tienen en cuenta,
somos débiles, nos consideran ingenuos, nos consideran "gente de ojos
azules", como dicen en Estados Unidos, se supone que no entendemos la
visión global. Todos y cada uno de nosotros
tenemos una responsabilidad que asumir como individuo, tenemos el deber de dar
a conocer nuestros puntos de vista. El encuentro de Kuala Lumpur, de eso estoy
seguro, permitió desarrollar más conciencia en numerosos círculos del mundo, lo
cual se transformará finalmente en mayor resistencia ante las políticas
engañosas, egoístas y unilaterales que Occidente trata de imponer. Es necesario que el movimiento
por la paz se oriente hacia una mejor coordinación, en forma de red; en el
sentido de incrementar los esfuerzos combinados, las declaraciones comunes en
los que gente de todos los países del mundo se den la mano y demuestren, [se
demuestren] a sí mismos y a la mayor cantidad de público, que tienen la firme
intención de no aceptar lo que nos ha traído a esto: a un mundo en el que
existe un abismo entre los que nada tienen -y se trata de una mayoría muy muy
grande, más de mil millones de seres humanos que viven con menos de un dólar
diario entre los 6 mil millones y medio que habitan nuestro planeta- y el 10%
más favorecido que vive en el lujo y rodeado de un bienestar inimaginables. Es espantoso. Yo vengo de un
país que tuvo que pasar por la experiencia, y que fue el causante, de una
tremenda y horrible Segunda Guerra Mundial, que duró 5 años y de la que todavía
se sigue hablando. ¿Y qué pasa con todo lo que ha sucedido durante todos estos
años en Irak, 30 años de dictadura, 13 años de sanciones, 3 años y medio de
ocupación? ¿Cuánto puede soportar un individuo? ¿Cuánto puede soportar una
nación? ¡Cuando usted ve -y estoy pensando ahora en las universidades de Bagdad
que yo conozco, como Mustanseriya University, Baghdad College, Baghdad
University- que esas instituciones que preparan para la vida a jóvenes
inocentes, están destruidas por las bombas! ¡Cuando yo visitaba a los iraquíes,
que vivían pacíficamente en barrios en los que convivían diferentes
poblaciones, nunca oí ese tipo de conversación de "Yo soy chiíta, tú eres
sunnita y tú eres turkmeno"!
AMANECERAmanece. El sol irrumpe lentamente en el horizonte. El mar se desliza suavemente sobre la arena. Como buscando encontrar algún refugio para quedarse... La arena es mujer, le dice que lo esperara y el siempre vuelve. Dos figuras en la playa. El, un hombre fornido, de gran estatura. Ella una mujer joven, pero con mirada ancestral, rubia y de figura desafiante. De mirada con el color de los trigales. Él esta en pijama, de color azul. Había bajado hasta la playa. No podia dormir. Grandes preocupaciones le quitaban el sueno... Ella está elegantemente desnuda. Él se encuentra inseguro y titubeante. Ella es la seguridad inconsciente. Él está de espaldas al mar, de pie, con la cabeza gacha y las manos sobre el abdomen. Ella mira al mar, sentado en la arena, con las piernas recogidas y sus brazos rodeándolas. El viento sopla suavemente. Ella: ¿Lo sientes? Martes, 11 de septiembre de 2001 03:35
¡¡JUSTICIA!! BUSCO EN MI MEMORIA
Busco en mi memoria y aun conservo Yo sé bien que tu
amor fue pasajero, Solo sé que
solamente hablas No quiero que
interpretes mis palabras, En las noches
silenciosas como esta 24/03/1998
SOÑANDOComo un rayo de luz mis dudas y mis miedos se disipan. Tu imagen se hace clara, nítida: te acercas y me besas y siento que estoy preso De una mujer, eternamente. Te encuentro, de repente, como quien ha buscado mil noches mil mañanas, como quien ha soñado sucumbir hasta el alba, mas allá de inútiles razones... Y bebo en ese instante en que te encuentro mía, Todo el tiempo querido que siempre he buscado, Y creo que ha llegado ese momento pleno que puede despojarme de esta búsqueda loca... Mi boca de repente se aleja del hastío, del grito y del absurdo del sueño de mil noches Y se entrega al susurro de una curiosa calma. Y así me acerco hasta tu tiempo extraño sin hacerme daño pensando en el futuro, y atónito descubro que no me importa nada: No hay miedo a la ausencia de tu amor Ni a tu sonrisa que algún hombre hoy disfruta, De tu presente impreciso... Pero a veces de ignorante, me atrapa un ansia despiadada por arrancarte el grito Que guardas como un tesoro. Quisiera sacarte el velo, el hastío, el asco... todo y apretarte fuerte contra mi cuerpo erguido, para injertar en tu sueño la savia del mío, y que broten juntos, limpios del pasado. para nacer de nuevo sin tiempo amordazado, sin heridas, sin rencores creando la vida en el presente, Como siempre lo he soñado. 12-03-98 Mateo Colon
DesnudaQuiero desnudarme a tus ojos,
NUESTRA HIJA
La luna se esconde en tu ingle
y Mis labios se detienen en la
perla Mi pene se dirige hacia la
entrada El esta resuelto a la
simiente Y viene como un loco desvarió Y es así, que mi lluvia
arrastra ¡Que paz de mar! Musitas
Mateo Colon 28/04/2003
2:05 AQUELLOS DIAS...La tarde casi llora y estas lejos AQUELLA NOCHE... Fui tuya anoche, me dijiste Me empape con tu cuerpo Y me envolvió tu aroma... Y te entregue mi vida, Si, fui yo misma anoche Y cobijaste mi angustia Y me dormí en tus brazos Mateo 07/03/98 |
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